-No sé... -dijo la estrella, el amor es una ciencia inexacta y como tal difícil de entender...

Cuando Pedro me vio frente a su casa, con mi pequeña maleta y los ojos, húmedos todavía por las lágrimas, abrió la puerta y me invitó a entrar. Los golpecitos en la espalda fueron como cuchillos que se hincaban en mi piel, pero aguanté la postura adoptada por él;

Aquí me encuentro, en lo que yo llamo el vértice de mi vida, el vértice de aquello que debió haber sido y que no es...

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